La e-Universidad y la Universidad de la Sociedad de la Información y el Conocimiento
Las inversiones en educación y, muy particularmente, en educación científica y tecnológica, se consideran desde hace décadas como prioritarias para hacer posible el desarrollo de un país. Actualmente, las transformaciones científico-tecnológicas obligan a replanteos. El capital humano se considera como un factor esencial del desarrollo también a corto plazo. Más aún, la inversión en educación se estima como una prioridad para todos.
El estímulo La Comisión Europea en su informe "eEurope 2002, una Sociedad de la Información para todos" muestra su intención de reforma. Tal como lo plantea Bel Llodrá, el motivo principal para la elaboración de este informe es la necesidad de llevar a cabo "actuaciones urgentes" para prepararse para la nueva economía. En un principio, la escasez de personal cualificado no se planteó en el informe, pero tanto los Estados miembros como el Parlamento Europeo solicitaron la ampliación temática para incorporar este factor. Se consideró un capítulo dedicado a "invertir en las personas y la formación". Según el estudio, a finales del 2001 todas las escuelas de la Comunidad Europea tendrán acceso a Internet y recursos multimedia. Los retos planteados son: proporcionar a todos los alumnos acceso a Internet; conectar gradualmente las escuelas a las redes de investigación; crear servicios de apoyo y recursos educativos en Internet; construir plataformas de aprendizaje electrónico para profesores, alumnos y padres; ofrecer incentivos a aquellos profesores que utilicen las tecnologías digitales en la enseñanza; y dotar a todos los alumnos de una cultura digital para el momento en el que dejen la escuela. Para todo ello se prevé utilizar la financiación proveniente de fondos estructurales y del Programa IST (Information Society Technologies); los actores son los estados miembros y la Comisión Europea.
Las tecnologías de información y comunicación (TIC), en especial Internet y su creciente número de aplicaciones, están cambiando los procesos de aprendizaje. Desde la invención de la imprenta, ninguna innovación había ejercido un impacto tan grande sobre la educación, y en especial la educación superior. Se espera que los impactos de Internet se incrementen, y que las universidades aumenten aumentar sus esfuerzos para afrontar estos desafíos. Langlois (2003) plantea que las universidades tradicionales estaban limitadas en lo que se refiere al espacio (poseían una única localización geográfica) y al tiempo (los estudiantes eran adolescentes u oscilaban entre 18 y 27 años); pero estas limitaciones no eran las más importantes: lo fundamental era que la gigantesca masa de conocimiento creada y transmitida anualmente por las universidades era recogida sólo por un puñado de estudiantes locales, provenientes de la misma ciudad, región o país.
El desarrollo de las TIC ha hecho posible que el mismo futuro de las universidades dependa de su capacidad para adaptarse a la Sociedad de la Información y del Conocimiento (SIC) y para satisfacer las necesidades cada vez más exigentes del universo profesional, universo que se halla geográficamente disperso y que abarca variadas franjas etarias. Por estas razones, tanto las autoridades universitarias como los docentes, investigadores y los mismos estudiantes necesitan usar las tecnologías de la SIC. Las TIC son consideradas por numerosas instituciones de educación superior como imprescindibles para alcanzar a una población estudiantil más amplia, dispersa y variada, mientras se reducen los costos de infraestructuras físicas. Ya no es una novedad la implementación de la “universidad virtual”, concepto por el que se entiende no sólo que la universidad brinda sus servicios académicos y administrativos a través de Internet, sino que tanto las tareas de docencia como de investigación integran de redes de transmisión de datos.
Pero los vínculos entre universidades y SIC no se limitan a transmitir conocimientos por Internet. Langlois (2003) recuerda que el desarrollo económico está más que nunca ligado a la acumulación de conocimiento. Por lo tanto, la demanda de educación y formación a lo largo de toda la vida también está incrementando, tanto en el mundo desarrollado como en los países periféricos. En la Unión Europea (European Commission/EUA, 2003), por ejemplo, los gobiernos están prestando una atención particular a la formación permanente, y destinando más fondos a la docencia y la investigación. La Unión Europea está orientada a desarrollar la economía del conocimiento más competitiva del mundo a un horizonte del año 2010, según la Estrategia de Lisboa1 , y en consecuencia ha comenzado programas e instrumentos para optimizar sus sistemas y políticas de educación y formación.
Sutz y Arocena (2002) plantean: “La ciencia de hoy requiere quizás como nunca antes de la tecnología: esta última, a su vez, está en una situación recíproca respecto a la ciencia: "Las tecnologías convencionales dependen de la ciencia del año pasado […] las tecnologías de punta dependen de los descubrimientos de ayer". (Novozhilov, 1991: 470, nuestra traducción) Dicho de otra manera, la ciencia que se está haciendo -a menudo todavía no bien entendida ni formulada de manera precisa- gravita crecientemente en la modificación de las técnicas más relevantes; el contexto de descubrimiento y el contexto de aplicación se interpenetran cada vez más”.
Simultáneamente, existe la necesidad de formar a las personas en conocimientos y habilidades de mayor nivel y más especializadas. La competencia global y la flexibilidad del mundo del trabajo requieren una educación que vaya más allá que graduarse en un determinado campo del conocimiento y obtener un empleo que hace décadas se esperaba que durara durante toda la vida activa. Se necesitan prácticas de formación a lo largo de la vida para actualizar los conocimientos, así como oportunidades de aprendizaje adaptadas a las necesidades de cada individuo.
Estas tendencias ejercen impactos sobre las actividades universitarias. Las instituciones de enseñanza superior deben volverse más flexibles y adoptar nuevos métodos para adaptarse a la satisfacción de las nuevas necesidades, fundamentalmente las de los estudiantes adultos (que disponen de menos tiempo para el aprendizaje presencial a causa de sus deberes laborales o familiares) que desean actualizar sus conocimientos, emprender una nueva carrera o postgrado, o ampliar su educación sin sufrir limitaciones de horarios, lugares geográficos o incurrir en los gastos de tiempo y dinero que significaría instalarse en la ciudad donde opera la universidad.
El número de estos estudiantes en la treintena se incrementa: un estudio de la Universidad Nacional de Quilmes revela que “los estudiantes virtuales tienen en promedio 38 años de edad, lo cual explica que entre la finalización de los estudios superiores previos y el inicio de los estudios en un entorno virtual transcurrieron aproximadamente 10 años” (Del Bello, 2001). El Censo de Estudiantes 2004 de la Universidad de Buenos Aires2 revela que si bien El 69,1% de la población estudiantil de nivel de grado tiene hasta 25 años de edad, es claro que esta distribución para el total de la población estudiantil de la Universidad está “influenciada” por el peso relativo del Ciclo Básico Común, en donde el 52% de su población es menor de 20 años. ”A partir de la comparación de estas estadísticas con las del Censo 2000, podría concluirse que hay un proceso de desplazamiento, en la población estudiantil de la Universidad, hacia categorías de mayor edad. Por ejemplo, la categoría “hasta 25 años” ha disminuido en casi 5 puntos porcentuales en relación con el año 2000”.
En Estados Unidos, según Langlois (2003), casi la mitad de la población estudiantil es de alumnos maduros a tiempo parcial. Este nuevo universo educativo es tomado muy en cuenta no sólo por gobiernos, sino por organizaciones internacionales: La Conferencia de la UNESCO sobre Educación Superior de 1998 planteaba ya que la tarea central de la educación superior actual es proporcionar oportunidades de formación a lo largo de la vida, ofreciéndoles a los estudiantes un óptimo abanico de posibilidades y flexibilidad en cuanto a los puntos de entrada y de salida del sistema, así como facilidades para su desarrollo personal y su participación activa en la sociedad. Además de realzar estos dos ejes, la Conferencia también estipula que las instituciones de educación superior deberían proporcionar formación para el staff docente y administrativo, asegurar equidad y acceso igualitario a esta formación, particularmente para las mujeres, y adoptar políticas explícitas con respecto al uso de TIC.
Estas políticas y estrategias son urgentemente necesarias para solucionar un número de problemas que afectan a las Universidades. El uso y diversas aplicaciones de las TIC pueden ser la respuesta para algunos de estos problemas o carencias. Las Universidades, de las cuales son numerosas las que aportan soluciones tecnológicas a empresas y gobiernos, deberían ser también los actores modelo para implementar las soluciones tecnológicas, según estrategias cuidadosamente formuladas:
• Lugar físico: Muchas de las Universidades han incrementado rápidamente su número de alumnos y carecen de lugar físico suficiente como para las nuevas oleadas de estudiantes. En estos casos, las tecnologías de educación virtual o a distancia permiten el acceso de mayores números de estudiantes, sin importar su faja etaria, el momento del día que pueden dedicar a los estudios, ni su lugar geográfico de residencia.
• Adaptación a la formación a lo largo de la vida: Las Universidades y casas de altos estudios deben abrirse a nuevos estudiantes adultos, que requieren formación y especializaciones, así como crear y proporcionar estos tipos de estudios “a la carta”. Las TIC les proporcionan la flexibilidad suficiente como para lanzar nuevos cursos de especialización y postgrados, ya sean presenciales, semi presenciales o virtuales.
• Articulación en red: Los estudios de especialización y formación pueden construirse entre varias Facultades y/o universidades, tomando materias “a la carta” en unas y otras hasta conformar curriculums personalizados a la medida de las necesidades de los estudiantes. La enseñanza virtual permite, mediante acuerdos académicos ya administrativos previos, el aprovechamiento de los conocimientos proporcionados por diversas casas de altos estudios.
• Docencia y aprendizaje: se plantea la necesidad de nuevos conceptos para los programas de estudios, así como maneras alternativas de dictar los cursos para asegurar una mayor flexibilidad. La eficiencia de la docencia es incrementada por el uso de TIC: los cursos, tanto los presenciales como los dictados a distancia, se enriquecen con el uso del video, Internet, hipertextualidad, presentaciones virtuales y otras herramientas multimedia. Por otra parte, la experiencia de aprendizaje de los estudiantes se realza porque pueden buscar y comparar información en línea. Más aún, las TIC posibilitan una transformación fundamental desde la educación basada en el docente y en el libro de texto, hacia la educación centrada en los estudiantes, la investigación y el procesamiento de las informaciones obtenidas, así como de la aplicación de los conocimientos adquiridos a la resolución de problemas.
• Adaptación del personal docente: Los docentes deben no sólo poseer habilidades en el manejo de TICs, sino estar dispuestos a la flexibilidad de la utilización de estas herramientas en la enseñanza y a los cambios en los roles del los docentes. El uso de Internet y de software educativo cambia el papel del docente, desde un conferencista que aporta conocimientos y estimula a retenerlos, a un guía que orienta a los estudiantes en la búsqueda y reprocesamiento de conocimientos. Por otro lado, las TIC son herramientas útiles para las propias búsquedas de materiales de los docentes. Actualmente, los docentes pueden encontrar ayuda para crear cursos utilizando TIC por medio de recursos educativos abiertos, que algunas Universidades, como el Massachussetts Institute of Technology (OpenCourseWare), ponen en línea.
• Costos y calidad de la enseñanza: actualmente, los sistemas informáticos, aún los adaptados a las especificidades de cada Universidad o Facultad, pueden compartir criterios comunes para incrementar su calidad y disminuir sus costos, pero esto requiere la intervención de un organismo coordinador y la puesta en acuerdo de varias instituciones. En lo que se refiere a los costos de la enseñanza, se estima que a medida de que los equipamientos y herramientas de TIC bajan de precios, su pero en los costos de docencia disminuirá. Al mismo tiempo, el uso de TIC añade ventajas económicas, como mayor número de alumnos, disminución de costos administrativos, menos viajes físicos, etc. Ya en 1998 se estimaba que el costo de “producir” un graduado en la UK Open University equivalía a un tercio del costo en una Universidad tradicional. En lo que se refiere a la calidad de los cursos, ésta es la prioridad argumentada por numerosas Universidades en el mundo para utilizar las TIC. Es importante señalar que, aunque estas tecnologías incrementan la eficiencia de la enseñanza y del aprendizaje, esto no significa que la calidad de los cursos mejore automáticamente. De allí proviene la preocupación por la validación de los cursos y carreras virtuales ofrecidos.