Después de leer la entrada de Joselu me siento mucho más triste. No porque se trate de algo que no conocía, sino porque me he dado cuenta de pronto de la magnitud. Ha / Han / Hemos matado la enseñanza de la literatura en Secundaria y Bachillerato. Es mucho más cómodo explicar gramática, que se resuelve con esquemas, algunos conceptos y actividades. La clase es cómoda. Los alumnos no aprenden, pero el rato que tenemos que estar allí se está relativamente tranquilo, incluso podemos hacer bromas.
Hablar de literatura, sin embargo, es más complicado: leer, hacer que lean, comprender, hacer que comprendan, universalizar, hacer que universalicen. Las actividades del libro de texto ya no tienen una única solución. Está repleta de autores, obras, frases que se salen del esquema. Además hay que enfrentarse a los molinos de viento, saltar las murallas con las que el mundo actual pretende aislar la creación literaria. ¿Lo está conseguiendo?
Sí, yo quiero más horas exclusivamente para explicar literatura. ¿Seré capaz de aprovecharlas? ¿Quizás las emplearé en abordarla como una sucesión de nombres inconexos? Pero sí, quiero más horas. Y también quiero que alguien que sepa de esto publique un decreto o una orden o unas instrucciones en las que se prohíba convertir el hecho literario en un catálogo de nombres y de características que el alumno no entiende y, a veces sucede, el profesor tampoco.
Lo que quiero es interés del legislador por la materia, que se de cuenta de que el estudiante que finaliza sus estudios de Secundaria o Bachillerato debe conocer y ser capaz de enfrentarse al texto literario. Por supuesto no exclusivamente español, que también hay literatura por ahí fuera. Miren, a lo mejor si la asignatura común de Primero de Bachillerato -¡qué ensueño!- se llamase Literatura, a secas, y abordarse los fundamentos del arte y su discurrir a lo largo del tiempo y de las culturas las opciones nacionalistas de este país nuestro de todos los demonios pondrían menos reparos a su existencia.
(Pedonen la desorganización de esta entrada, pero lo del ensueño de antes me lleva a seguir soñando. ¿Se imaginan lo que sería que en las asignaturas de idiomas también se estudiase literatura? ¡Uf, qué maravilla!)
En fin, nada sucederá. Lengua y Literatura seguirán formando parte de la misma asignatura, cada vez con menos horas. Las pruebas de Selectividad seguirán ninguneando la literatura como tal y, en consecuencia, el profesorado, o una parte de él, empleará la mayor parte del Bachillerato en que los alumnos (y alumnas, claro) escriban resúmenes y comentarios críticos (¡Dios, qué será eso!), porque es lo práctico, lo que da resultado.
Claro que, como se sugiere en la entrada de Joselu, también podemos protestar, plantarnos, hacer ruido, demostrar que en realidad nos importa, pactar con unos y con otros, convencer a los profesores no convencidos de nuestra área y de las de enfrente, hacer viva la literatura en nuestros centros, creernos aquello que dijo Celaya:
Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.
Pero nada de esto será, ¿verdad?
Un artículo publicado en Las Letras y las Cosas
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